Durante décadas, las empresas han desarrollado mecanismos para verificar la identidad de las personas, conocer a las organizaciones con las que hacen negocios y controlar los permisos de quienes acceden a sus sistemas. KYC permitió formalizar la pregunta Know Your Customer; KYB extendió ese principio hacia las empresas, mientras que la gestión de identidades y accesos convirtió permisos, roles y autenticación en componentes fundamentales de la seguridad corporativa.
La llegada de los agentes de inteligencia artificial introduce, sin embargo, una situación diferente. Un agente ya no se limita necesariamente a generar una respuesta o recomendar una decisión: puede consultar sistemas, utilizar herramientas, intercambiar información con otros agentes y, dependiendo de su arquitectura y permisos, ejecutar acciones en representación de una persona o de una organización.
Cuando eso sucede, la pregunta sobre identidad deja de ser suficiente. Ya no sólo necesitamos saber quién inició una interacción, sino también determinar qué agente está actuando, en representación de quién lo hace, qué autoridad recibió y hasta dónde puede llegar.
De esa necesidad está emergiendo una nueva categoría: KYA, Know Your Agent. Experian, por ejemplo, lo describe como un marco que conecta al humano verificado, al agente autenticado y la intención que éste ejecuta; otras propuestas ponen el énfasis en identidad verificable, alcance de capacidades, ownership y trazabilidad. La coexistencia de aproximaciones distintas confirma que KYA es todavía una categoría en formación, no un estándar universal consolidado.
La identidad probablemente sea necesaria, pero no suficiente
Conocer la identidad de un agente permite responder una pregunta fundamental: ¿qué entidad digital está intentando actuar? Sin embargo, esa respuesta no demuestra necesariamente quién responde por sus acciones, para quién está trabajando, cuál es su propósito, qué sistemas puede utilizar, qué operaciones está autorizado a ejecutar o qué debe suceder cuando intenta superar los límites establecidos.
Tampoco permite saber, por sí sola, si el agente conserva exactamente las mismas condiciones bajo las cuales fue autorizado originalmente. Su configuración puede cambiar, sus herramientas pueden modificarse, sus permisos pueden ampliarse y las dependencias tecnológicas sobre las que opera pueden evolucionar.
Por ello, la pregunta central de esta investigación no debería limitarse a definir KYA, sino a determinar su verdadero alcance: ¿debe Know Your Agent convertirse simplemente en un mecanismo para verificar la identidad de los agentes o necesitamos una disciplina más amplia que permita establecer identidad, mandato, autoridad, límites y responsabilidad antes de permitir que una inteligencia artificial actúe?
La diferencia entre ambas interpretaciones será determinante para entender si KYA terminará siendo principalmente una tecnología de identidad o una pieza de la infraestructura de confianza necesaria para operar sistemas agénticos.
Tener acceso a algo no significa tener autoridad para utilizarlo
Uno de los problemas más importantes aparece cuando confundimos las capacidades técnicas de un agente con la autoridad que una organización pretende delegarle. Un agente puede disponer técnicamente de acceso a un CRM y, al mismo tiempo, estar autorizado únicamente para consultar determinadas oportunidades comerciales. La integración utilizada por ese agente podría permitir modificar registros, cambiar propietarios o actualizar etapas del pipeline, pero la existencia de esas capacidades técnicas no significa que la empresa haya decidido delegarle todas esas facultades.
La misma distinción se vuelve todavía más importante cuando las acciones tienen consecuencias económicas o contractuales. Un agente podría disponer de herramientas capaces de generar una devolución, cancelar una orden, modificar una condición comercial o iniciar una operación financiera, mientras que las reglas de negocio podrían exigir autorización humana antes de ejecutar cualquiera de ellas.
En otras palabras, la capacidad técnica no equivale a autoridad empresarial. Esta distinción también aparece en propuestas contemporáneas de KYA que vinculan identidad con alcance autorizado y validación en tiempo de ejecución.
De KYC a KYA, pero sin asumir que personas y agentes son equivalentes
La analogía con KYC ayuda a comunicar intuitivamente el problema, aunque puede resultar engañosa cuando se lleva demasiado lejos. KYC busca establecer con suficiente confianza quién es una persona y gestionar los riesgos asociados con esa identidad; un agente de inteligencia artificial plantea un desafío adicional porque estamos frente a software que puede modificarse, operar continuamente, utilizar distintas herramientas y ejecutar acciones a una velocidad y escala considerablemente mayores que las de una interacción humana convencional.
Por esa razón, preguntar “¿quién eres?” podría representar apenas el comienzo de la verificación. Una organización también tendría que ser capaz de determinar a quién representa ese agente, qué mandato recibió, quién autorizó sus capacidades, qué acciones puede ejecutar, cuáles tiene expresamente prohibidas, durante cuánto tiempo permanece vigente esa autorización y qué evidencia quedará disponible después de cada intervención.
También tendría que poder responder qué ocurre cuando cambia alguno de esos elementos. Una identidad persistente pierde parte de su utilidad como mecanismo de confianza si el agente conserva el mismo identificador mientras cambian significativamente su modelo, sus herramientas, sus permisos o su ámbito de actuación.
El verdadero desplazamiento conceptual de KYA podría encontrarse, por tanto, en pasar de verificar identidad a verificar autoridad contextual.
Las cinco dimensiones que debería investigar KYA
A partir de las propuestas que comienzan a aparecer alrededor del concepto, podemos formular una arquitectura provisional para orientar la investigación. No se trata todavía de afirmar que estas dimensiones constituyan un estándar, sino de utilizarlas como hipótesis para contrastar qué controles serían necesarios en un entorno empresarial.
1. Identidad
La primera dimensión es la identidad, entendida como la capacidad de determinar qué agente está actuando y verificar que efectivamente se trata de esa entidad digital. Sin una identidad suficientemente persistente y verificable, cualquier mecanismo posterior de autorización o auditoría se vuelve considerablemente más difícil.
2. Principal
La segunda corresponde al principal, es decir, la persona, organización o entidad bajo cuya autoridad opera el agente. Un agente no debería convertirse en una abstracción independiente de responsabilidad; necesitamos poder reconstruir la relación que explica por qué tiene derecho a intervenir en determinado proceso.
3. Mandato
La tercera dimensión es el mandato, que establece para qué existe el agente y qué objetivo está autorizado a perseguir. Dos agentes podrían disponer de acceso a los mismos sistemas y, sin embargo, tener mandatos completamente diferentes, por lo que conocer únicamente sus credenciales técnicas ofrecería una imagen incompleta.
4. Autoridad
La cuarta dimensión es la autoridad, que determina qué acciones puede ejecutar el agente, sobre qué recursos, bajo qué condiciones y dentro de qué límites. Aquí deberían aparecer elementos como alcance, permisos, restricciones, duración, mecanismos de aprobación y condiciones de revocación.
5. Evidencia
Finalmente está la evidencia, porque una organización necesita reconstruir posteriormente qué agente intervino, bajo qué autorización lo hizo, qué información utilizó, qué acciones ejecutó y cuáles eran los controles vigentes en ese momento.
La investigación disponible sugiere que estas dimensiones pueden necesitar complementarse con comportamiento, delegación, supervisión, dependencias, integridad y revocación. Experian incorpora comportamiento y riesgo continuo; otras implementaciones de identidad para agentes utilizan attestations verificables y dejan la decisión de acceso a la política del sistema consumidor.
El problema se complica cuando los agentes empiezan a delegar en otros agentes
La discusión adquiere otra dimensión cuando abandonamos el modelo sencillo en el que una persona interactúa directamente con un único agente. Las arquitecturas agénticas pueden permitir que un agente delegue tareas, invoque herramientas externas, utilice servicios de terceros o solicite la intervención de otros agentes especializados.
La cadena de actuación podría pasar entonces de una relación relativamente comprensible entre humano y agente a una secuencia formada por una persona, un agente principal, varios agentes subordinados, herramientas y sistemas empresariales pertenecientes incluso a organizaciones diferentes.
En ese escenario surge una pregunta especialmente incómoda: ¿quién conoce al agente del agente? Si un segundo agente termina provocando una acción material, la organización necesitaría poder reconstruir quién inició la cadena, qué autoridad recibió el primer agente, qué parte de esa autoridad podía delegar, qué permisos recibió el segundo y bajo qué reglas se produjo finalmente la acción.
El problema deja entonces de ser exclusivamente de identidad individual y se convierte en uno de procedencia y cadenas de autoridad. Una arquitectura KYA suficientemente robusta podría necesitar demostrar no sólo que cada participante es quien afirma ser, sino también que cada eslabón conserva una autoridad válida derivada de un principal identificable.
Una identidad válida tampoco garantiza un comportamiento válido
Incluso si lográramos construir un sistema perfecto de identidad para agentes, seguiríamos sin haber resuelto completamente el problema de confianza. Un agente legítimo puede cometer errores, utilizar información equivocada, interpretar incorrectamente una instrucción, operar con permisos excesivos o verse afectado por cambios en herramientas y dependencias. Incluso podría actuar correctamente desde una perspectiva técnica y producir, al mismo tiempo, un resultado incompatible con las políticas de la organización.
Por ello, KYA probablemente tendrá que convivir con otros mecanismos de gobierno, observabilidad, seguridad y gestión de riesgo. La identidad permitiría atribuir una acción; la autorización establecería si podía realizarse; la trazabilidad ayudaría a reconstruirla, mientras que la supervisión permitiría detectar comportamientos que requieren intervención.
Confundir estas funciones podría generar una peligrosa sensación de seguridad: haber identificado al agente no significa haber controlado al agente.
El reto de la revocación puede ser tan importante como el de la autorización
Las conversaciones sobre identidad suelen concentrarse en el momento de otorgar confianza, pero los sistemas empresariales también necesitan saber retirarla. ¿Qué ocurre cuando cambia el responsable humano de un agente, termina una relación contractual, se descubre una vulnerabilidad, se modifica una política o una organización decide que determinada capacidad ya no debe estar disponible?
Un esquema KYA operativo necesitaría contemplar no sólo cómo se establece una identidad y se vincula con determinada autoridad, sino también cómo esa autoridad puede reducirse, suspenderse o revocarse con suficiente rapidez. Esto resulta especialmente importante en arquitecturas donde un agente puede delegar tareas a otros, porque revocar al agente principal debería permitir entender qué ocurre con las credenciales, autorizaciones o tareas que hubiera propagado previamente hacia otros componentes.
En consecuencia, conocer a un agente también significa saber cuándo dejó de estar autorizado para actuar.
KYA todavía no debe presentarse como un estándar consolidado
La aparición del término no significa que exista ya una definición regulatoria universal, una arquitectura técnica dominante o un estándar empresarial consolidado denominado Know Your Agent. Precisamente ocurre lo contrario: las fuentes revisadas muestran una categoría en formación, con interpretaciones que van desde identidad y attestations verificables hasta modelos más amplios de confianza, autorización, comportamiento y gobierno.
Tampoco deberíamos asumir que una tecnología determinada —blockchain, identidad descentralizada, certificados, registros de agentes o cualquier protocolo específico— constituye por sí misma la respuesta. Cada una puede resolver componentes importantes del problema sin necesariamente resolver el conjunto.
La propia expresión KYA se utiliza además en otros contextos de investigación. En julio de 2026, por ejemplo, un trabajo académico utilizó “Know Your Agent” para denominar un marco de pentesting basado en reconocimiento de agentes. Esta colisión terminológica refuerza la necesidad de no presentar el acrónimo como una categoría técnica cerrada o universal.
De conocer identidades a gobernar capacidad de actuación
El verdadero interés empresarial de KYA aparece cuando observamos hacia dónde está evolucionando la inteligencia artificial. Mientras los modelos se limitaban principalmente a producir contenido o recomendaciones, muchos riesgos podían administrarse alrededor del uso humano de sus resultados. Cuando los agentes comienzan a ejecutar acciones, la superficie de responsabilidad cambia porque la inteligencia artificial pasa a intervenir directamente en procesos y sistemas.
En ese contexto, las organizaciones necesitarán responder preguntas que hoy suelen encontrarse dispersas entre seguridad, identidad, arquitectura, cumplimiento, operaciones y gobierno de IA. Necesitarán saber qué agente está actuando, quién lo autorizó, para qué propósito, utilizando qué capacidades, dentro de qué límites y con qué evidencia disponible para reconstruir posteriormente sus decisiones y acciones.
Ésa podría ser la contribución más importante de Know Your Agent: no necesariamente crear otro acrónimo de cumplimiento, sino establecer las condiciones bajo las cuales una organización puede permitir que una identidad no humana ejerza una capacidad real de actuación sin perder la cadena de autoridad y responsabilidad que existe detrás de ella.
Si esa interpretación termina imponiéndose, KYA será mucho más que “KYC para máquinas”. Será una respuesta a una pregunta que las empresas apenas están comenzando a enfrentar: cuando una inteligencia artificial puede actuar en nuestro nombre, ¿qué necesitamos conocer de ella antes de concederle autoridad?
Fuentes consultadas
- Experian — What is Know Your Agent (KYA)?, 3 de junio de 2026.
- Experian — Agent Trust / KYA framework, 30 de abril de 2026.
- KYA — documentación de attestations e identidad de agentes.
- 1Kosmos — Know Your Agent: securing autonomous AI, 5 de mayo de 2026.
- Chaffer — Know Your Agent: Governing AI Identity on the Agentic Web, 2025.
- Eliav et al. — Know Your Agent: Reconnaissance-Driven Pentesting of AI Agents, julio de 2026.
